En alguna ocasión, el Tiempo se tomo un momento, se acababa de dar cuenta que corría solo, contra el
mismo, y no tenia idea de cuanto tiempo el llevaba haciendo esto. Solo sabía
que debía continuar y nunca parar, por que así había sido antes y así tenia que
ser.
En el momento en que se detuvo, el Tiempo
pensó. Sentía que algo le faltaba, que su existencia estaba vacía. Sentía que
se hallaba solo dentro de la inmensidad del infinito y sin saber el porqué de
su existencia. No sabía que le faltaba, porque desde el comienzo del tiempo
siempre se había sentido así y lo tomaba como un sentimiento normal, pero por alguna razón, ya no soporto más esta
extraña sensación y se detuvo.
Estático, pensando en lo que le faltaba. Medito y pensó.
Pensó durante siglos, años y lustros, pero sin embargo el tiempo no corría,
pensó en el futuro y en el pasado, en el ahora y en nunca, pensó en todo y en
nada, y el tiempo seguía sin correr.
En un momento en que
descuido su meditación, vio una pequeña
partícula de polvo flotando en el infinito, y le dio curiosidad así que se adentró
en ella. En ella el descubrió una
galaxia, en esa galaxia había miles de sistemas solares brillando y de todos ellos por alguna razón fijo su
atención a un pequeño sistema solar arrinconado al final de la galaxia. Se adentró
en él, y dentro de este había un pequeño planeta azul.
La curiosidad seguía asecho
su ser y se asomó a este pequeño e insignificante planeta azul. En este vio
millones de seres inmóviles. Observo cada uno de estos pequeños seres,
contemplándolos uno por uno, sin saber porque estaban así, inertes, sentía que estaban vivos pero
no veía por qué no se movían y así los contemplo durante siglos, años y lustros
sin saber por qué no se movían, la intriga penetro su alma, y el desespero
adentro su ser.
De vez en cuando
buscaba otros planetas como ese, con pequeños seres, pero no encontró ninguno,
así que siempre regresaba a contemplar estos seres que tan intrigado lo tenían.
Desesperado no sabia que hacer, sentía la necesidad de descubrir la razón por la
cual estos seres no se movían y así llenar el vacío que sentía dentro de él y quizás
solo entonces volvería correr el tiempo, volvió a contemplarlos otra vez uno
por uno con la esperanza de hallar algo, pero esta vez lo único que hallo
fueron cosas terribles. Algunos de estos seres eran maliciosos antes de quedar
inertes, porque veía que hacían algún mal;
algunos de ellos robaban, engañaban y lastimaban a sus semejantes.
Al ver y comprender
esto él tiempo se desilusiono y considero dejar de ayudarlos pero poco después de
considerarlo, vio a una dulce niña, de piel blanca y cabello negro, en ella él
pudo ver otro universo en sus ojos. El tiempo se enamoro de esos ojos y se adentró
en el universo había dentro. Vago por ese universo en busca de respuestas. Paso
siglos, años y lustros, viajando en este sin encontrar respuestas. Cansado de
tanto buscar, sintió la necesidad de
dormir dentro de esos ojos negros, en ellos el Tiempo se sentía seguro y cómodo.
Durmió siglos, años y
lustros y al despertar, el tiempo se asomo por los ojos de la niña, y vio lo
que ella veía, era a otro ser, un chico. Fue entonces cuando el tiempo sucumbió
de celos porque se dio cuenta de que esos ojos no le pertenecían a él, ese
universo no era el suyo y el solo estaba dentro, sin poder hacer cambios en los pensamientos de este.
Lastimado al descubrir
que ese hermoso refugio, tan escondido de la infinidad del universo, no era
para el, si no para un simple ser inmóvil e inerte, que nunca podría apreciar
en su totalidad la belleza de ese par de ojos y el universo que contienen.
Se dio cuenta de que no
sentiría ese dolor si nunca hubiera dejado de correr. Hubiera preferido sentir
eternamente ese vacío antes de sentir ese dolor provocado por el desamor, Y adolorido
salió del universo dentro de los ojos de la niña y de ese pequeño planeta azul,
decidido correr, tal como era antes y como siempre debió de haber sido.
Empezó a correr, como
si quisiera escapar de algo, pero de
repente una sensación extraña lo invitaba a voltear hacia esa niña que hizo que
sintiera algo. Cuando volteo a verla, descubrió una agradable sorpresa, todos
los seres de ese pequeño planeta azul estaban otra vez en movimiento y llenos
de vida. El tiempo, sin saber porque, decidió no alejarse nunca de esa
partícula de polvo y del pequeño planeta.
Correría alrededor de
este, para así cuidar de ellos y en especial a esos ojos que tan amargamente
feliz lo tenían. El Tiempo ya no se sentía vacío, tenía un sentimiento
agridulce, ya que sabía que ese universo dentro de los ojos de la niña no le
pertenecían, pero que sin el, ese mismo universo no tendría vida. Ahora sabia
por que correr, y no se sentía inútil pues
sabía que el necesario. Y entendió el es parte de un todo y que si el tiempo
corre la vida lo acompaña.