Tras muchos años, el tiempo seguía siendo testigo de la vida de aquella niña que ya era una señora mayor. Ella ya había vivido toda una vida, y para el tiempo eso no había sido ni una millonésima parte de su historia.
Sin embargo, para el tiempo el universo contenido en los ojos de esa niña era lo más bello que jamás había visto, por lo que aún gustaba de guardarse en ellos.
Un día cualquiera, mientras el tiempo contemplaba a su "niña" y el cosmos que habitaba en su mirada, apareció otra constante ante él. Sin mediar palabra, simplemente tomó el alma de la anciana y la liberó de su cuerpo.
El tiempo ya había presenciado la muerte varias veces, incluso antes de hacerse consciente de los pequeños seres. Sin embargo no fue hasta ese entonces que sintió una sensación de perdida.
Sintió que había pedido ese universo para siempre.
Había vito soles cambiar y desaparecer tantas veces que simplemente se había acostumbrado a ver todo desaparecer. Sin embargo, nunca imaginó que ese único universo pudiera perecer.
Nunca le había importando algo en especifico por lo que nuca había perdido nada. Alguien que no arriesga es alguien que no gana.
Por un instante, el tiempo se detuvo; luego recobró la compostura y se preguntó:
—¿Quién es este ser? ¿Y cuáles son sus motivos? ¿Por qué se ha llevado el universo que tanto disfruto contemplar?
El tiempo no emitió sonido alguno, pero la Muerte, al advertir su desconcierto, comunico:
—Soy la Muerte, la otra constante de esta dimensión. No me he llevado nada; Solo apague su conciencia, y su cuerpo será polvo de estrellas.
Sin embargo, no trabajo sola : trabajo contigo. Tú marcas el ritmo, y yo te sigo.
El tiempo, sin saber qué decir, quedó mudo, reflexionando en lo dicho. Después inquirió:
—¿Por qué afirmas que solo me sigues a mí?
La Muerte sonrió con calma y contestó:
—Soy quien libera la materia para que se transforme en algo nuevo, quien revuelve los universos y hace perecer a los soles. Soy quien regula la armonía de la vida, y esa es mi misión. Tú marcas el paso al correr, pues al avanzar pones fin a las cosas, porque todo tiene su final.
El tiempo, al escuchar esto, se quedó en silencio, analizando cada palabra. Solo y mudo, vio cómo la Muerte se alejaba sin añadir nada más.
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