viernes, 17 de julio de 2015

El Tiempo



En alguna ocasión, el Tiempo se tomo un momento, se acababa de dar cuenta que corría solo, contra el mismo, y no tenia idea de cuanto tiempo el llevaba haciendo esto. Solo sabía que debía continuar y nunca parar, por que así había sido antes y así tenia que ser.

En el momento en que se detuvo, el Tiempo pensó. Sentía que algo le faltaba, que su existencia estaba vacía. Sentía que se hallaba solo dentro de la inmensidad del infinito y sin saber el porqué de su existencia. No sabía que le faltaba, porque desde el comienzo del tiempo siempre se había sentido así y lo tomaba como un sentimiento normal,  pero por alguna razón, ya no soporto más esta extraña sensación y se detuvo.

Estático,  pensando en lo que le faltaba. Medito y pensó. Pensó durante siglos, años y lustros, pero sin embargo el tiempo no corría, pensó en el futuro y en el pasado, en el ahora y en nunca, pensó en todo y en nada, y el tiempo seguía sin correr.

En un momento en que descuido su meditación, vio una  pequeña partícula de polvo flotando en el infinito, y le dio curiosidad así que se adentró en ella. En ella  el descubrió una galaxia, en esa galaxia había miles de sistemas solares brillando  y de todos ellos por alguna razón fijo su atención a un pequeño sistema solar arrinconado al final de la galaxia. Se adentró en él, y dentro de este había un pequeño planeta azul.

La curiosidad seguía asecho su ser y se asomó a este pequeño e insignificante planeta azul. En este vio millones de seres inmóviles. Observo cada uno de estos pequeños seres, contemplándolos uno por uno, sin saber porque estaban  así, inertes, sentía que estaban vivos pero no veía por qué no se movían y así los contemplo durante siglos, años y lustros sin saber por qué no se movían, la intriga penetro su alma, y el desespero adentro su ser.

De vez en cuando buscaba otros planetas como ese, con pequeños seres, pero no encontró ninguno, así que siempre regresaba a contemplar estos seres que tan intrigado lo tenían. Desesperado no sabia que hacer, sentía la necesidad de descubrir la razón por la cual estos seres no se movían y así llenar el vacío que sentía dentro de él y quizás solo entonces volvería correr el tiempo, volvió a contemplarlos otra vez uno por uno con la esperanza de hallar algo, pero esta vez lo único que hallo fueron cosas terribles. Algunos de estos seres eran maliciosos antes de quedar inertes, porque  veía que hacían algún mal; algunos de ellos robaban, engañaban y lastimaban a sus semejantes.

Al ver y comprender esto él tiempo se desilusiono y considero dejar de ayudarlos pero poco después de considerarlo, vio a una dulce niña, de piel blanca y cabello negro, en ella él pudo ver otro universo en sus ojos. El tiempo se enamoro de esos ojos y se adentró en el universo había dentro. Vago por ese universo en busca de respuestas. Paso siglos, años y lustros, viajando en este sin encontrar respuestas. Cansado de tanto buscar,  sintió la necesidad de dormir dentro de esos ojos negros, en ellos el Tiempo se sentía seguro y cómodo.
Durmió siglos, años y lustros y al despertar, el tiempo se asomo por los ojos de la niña, y vio lo que ella veía, era a otro ser, un chico. Fue entonces cuando el tiempo sucumbió de celos porque se dio cuenta de que esos ojos no le pertenecían a él, ese universo no era el suyo y el solo estaba dentro, sin poder hacer cambios en  los pensamientos de este.

Lastimado al descubrir que ese hermoso refugio, tan escondido de la infinidad del universo, no era para el, si no para un simple ser inmóvil e inerte, que nunca podría apreciar en su totalidad la belleza de ese par de ojos y el universo que contienen.

Se dio cuenta de que no sentiría ese dolor si nunca hubiera dejado de correr. Hubiera preferido sentir eternamente ese vacío antes de sentir ese dolor provocado por el desamor, Y adolorido salió del universo dentro de los ojos de la niña y de ese pequeño planeta azul, decidido correr, tal como era antes y como siempre debió de haber sido.

Empezó a correr, como si quisiera escapar de algo, pero  de repente una sensación extraña lo invitaba a voltear hacia esa niña que hizo que sintiera algo. Cuando volteo a verla, descubrió una agradable sorpresa, todos los seres de ese pequeño planeta azul estaban otra vez en movimiento y llenos de vida. El tiempo, sin saber porque, decidió no alejarse nunca de esa partícula de polvo y del pequeño planeta.

Correría alrededor de este, para así cuidar de ellos y en especial a esos ojos que tan amargamente feliz lo tenían. El Tiempo ya no se sentía vacío, tenía un sentimiento agridulce, ya que sabía que ese universo dentro de los ojos de la niña no le pertenecían, pero que sin el, ese mismo universo no tendría vida. Ahora sabia por que correr,  y no se sentía inútil pues sabía que el necesario. Y entendió el es parte de un todo y que si el tiempo corre la vida lo acompaña.

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